Reportaje periodístico del diario de Cádiz, enlance: http://www.diariodecadiz.es/article/provincia/1593574/verano/calibre/mm.html
Un verano del calibre 9 mm
Guardia Civil y Europol emplean las últimas
tecnologías para desmantelar en el Campo de Gibraltary la Costa del Sol
una trama criminal europea de drogas y blanqueo Los bienes requisados
superan los 13 millones de euros y se han incautado seis toneladas de
hachís y 90 vehículos
Óscar Lobato
algeciras
/
corresponsal De Defensa
| Actualizado 01.09.2013 - 05:01
Un
verano anodino. Bañistas atestando playas, niños haciendo castillos de
arena y chiringuitos crucificando a guiris. Los montes celebran sus
tradicionales incendios forestales y las costas rebosan de turistas e
inmigrantes clandestinos. Mientras, los termómetros del narcotráfico
registran temperaturas de 9 mm Parabellum, que dejan dos muertos y un
herido de bala por el momento.
En medio de la canícula, hay funcionarios de Europol que actúan
de forma insólita. Llevan dos meses en Andalucía y aún no han comprado
la muñeca vestida de flamenca, ni ese fino par de banderillas falsas. Su
veraneo, codo a codo con la Guardia Civil, discurre con una rara
colección de souvenirs: 82 detenidos, 7 toneladas de drogas requisadas,
257.000 euros decomisados y 90 vehículos de alta gama incautados. Eso
sin contar la requisa de bienes tasados en 13.750.000 euros.
Es el resultado de dos equipos conjuntos de investigación (ECI)
desplegados por Europol, en Cádiz y Málaga. Incluso en el primero de
ellos participa un país no miembro de la Unión Europea: Marruecos. Esa
colaboración es posible gracias a un convenio del 2004 por el cual la
Benemérita y la Gendarmería Real marroquí integran unidades conjuntas
para reprimir ciertos delitos.
Esa cooperación es también la razón de la presencia de Europol
en tierras andaluzas. Una estadía durante la cual ha sido desmantelada
una red de narcotráfico que actuaba en España, Francia, Gran Bretaña,
Portugal y Marruecos, así como otra trama de blanqueo de capitales que
lavó 50 millones de euros sólo en el último lustro. Unas ganancias
procedentes del tráfico de drogas hacia Bélgica, Holanda y Alemania.
Ambas operaciones tienen un mismo origen. En julio de 2012, la
Gendarmería de Marruecos frustró un transbordo de drogas entre
embarcaciones junto al Cabo Espartel. Los gendarmes magrebíes apresaron
entonces a la motora Antilia, registrada en la lista de recreo de
la matrícula Cádiz, con número 7ª-CA-2-174-07. A bordo de esa lancha
aparecían 750 kilos de hachís y fueron detenidos tres marroquíes y un
gaditano. Este último, Moisés Roldán Terreros, de 37 años, ha
permanecido encarcelado en el país vecino hasta la amnistía otorgada por
Mohamed VI, el 30 de julio último.
Cuando los gendarmes marroquíes notificaron dicha detención a la
Comandancia de la Guardia Civil en Cádiz, saltaron las alarmas. Moisés
era conocido por el Instituto armado. Un hombre que logró notoriedad
como percusionista de bombo en una chirigota carnavalesca, finalista del
concurso de agrupaciones del 2000, pero cuya trayectoria por el lado
oscuro derivó hacia el narcotráfico.
La Unidad Orgánica de Policía Judicial de la Comandancia le
seguía el rastro desde tiempo atrás. Por eso los guardias civiles
tardaron nada en detener a otros tres miembros de esa misma trama
relacionados con él: Jonathan M.S., Miguel Ángel F.M, e Isaac P.G.
La Benemérita introdujo los datos de esa operación en la red
informática de Europol y el asunto suscitó mayor conmoción aún. La
Oficina Europea de Policía dispone de un registro llamado EILCS
(acrónimo en inglés de Sistema de Comparación de Laboratorios Ilegales
de Europol), y eso permitió establecer que circulaban por media Europa
partidas de hachís elaboradas por la misma narco-fabrica, una envasadora
agrícola en Ketama (Marruecos).
Tal descubrimiento interesó mucho a las policías de Francia,
Gran Bretaña y Portugal, y atrajo además la atención de las de Bélgica,
Alemania, Holanda e Italia. Las peticiones de información y colaboración
con la Guardia Civil fueron tantas que Europol y Eurojust (la Agencia
Europea de Coordinación Judicial) tomaron cartas en el asunto y
convocaron a los interesados a una reunión en París, en enero de este
2013.
Así nacía la Operación Invierno y se constituía el primer
ECI (Equipo Conjunto de Investigación) que iba a desplegarse en
Andalucía. Un dispositivo donde participaban la Policía Judicial
francesa, la Guardia Nacional Republicana portuguesa, la Policía
Metropolitana londinense y, obviamente, representantes de Europol y
Eurojust.
La dirección de este despliegue recayó, por unanimidad, sobre la
Unidad Orgánica de Policía Judicial de la 2047 Comandancia en Cádiz. No
en vano se trataba de uno de los órganos policiales que más redes
narcotraficantes ha desmantelado en el continente, durante la última
década. El Instituto armado disponía además de helicópteros, lanchas
patrulleras y vehículos de detección provistos de antenas para rastrear
automóviles mediante el sistema Lo Jack de posicionamiento por satélite.
Las investigaciones del Equipo contra Delincuencia Organizada y
Antidrogas (EDOA) de Cádiz resultaban además impecables. Llevaban meses
vigilando el entramado y tenían identificados casi a la totalidad de sus
gomeros (patrones de las lanchas semirrígidas), caleteros (encargados de escondites), gayumberos (descargadores de alijos) y otros.
El cuadro general de esas pesquisas dibujaba una serie de
"franquicias" delictivas, que se ocupaban de las diversas fases del
proceso: acarreo de drogas hasta la costa gaditana; posterior ocultación
tanto en el Campo de Gibraltar como en la Costa del Sol malagueña; y,
por fin, del envío por carretera hacia Europa, oculta en automóviles
con carrocerías modificadas para esconder droga.
El primer golpe policial europeo contra esa trama lo ejecutarían
investigadores de la Police Judiciare de Burdeos (Francia), el 27 de
mayo, quienes seguían a un cabecilla local del narcotráfico bordelés:
un tipo llamado Nuradin Hajjaji, vinculado a una lancha motora llamada Ranhia.
Daba
la casualidad de que esta era la segunda embarcación implicada en el
frustrado transbordo de drogas y, por otro lado, la Guardia Civil
conocía ya al tal Hajjaji. Le había detenido en Lepe (Huelva), en el año
2008, durante otra operación antidrogas.
Alertados por la Comandancia de Cádiz, los policías de Burdeos
decomisaron un alijo de 335 kilos de hachís, logrando apresar al citado
Nuradin, así como a Nabil Keroum y Yacine Yedi. Esa intervención se
saldaba además con la requisa de 20.720 euros en efectivo, seis
vehículos de alta gama (entre ellos tres Mercedes) y una pistola FN de 9
mm.
Días después de esas detenciones, un vuelo procedente de Holanda
aterrizaba en Málaga. Entre sus pasajeros, dos pasaban casi
desapercibidos por su discreto aspecto pues parecían auditores enviados
por la central de cualquier gran empresa a examinar la marcha de una
sucursal. Eran un hombre y una mujer con aire profesional resuelto y un
reducido equipaje. Entre sus pertenencias iba un discreto maletín negro
con tapa reforzada.
El dúo lo integraban en realidad un comandante de la Gendarmerie Nationale gala y una inspectora de la Politie
holandesa, miembros de la División Científica y Tecnológica de Europol.
En cuanto al maletín, contenía un sofisticado aparato denominado
Dispositivo de Extracción Forense Universal (DEFU), un instrumento
informático capaz de violar la seguridad de cualquier teléfono móvil,
reconstruir su actividad e incluso recuperar archivos de memoria e
imagen, aunque hubieran sido borrados.
El trabajo para ambos expertos comenzó enseguida, pues la Unidad
de Policía Judicial de la Comandancia de la Guardia Civil gaditana
detenía, poco después y en el puerto de Algeciras, a tres marroquíes:
Omar Ghafari Boukar, Rachid Bahía y Said Ghafari, quienes pretendían
embarcar de regreso a su país. Ese trío, vinculado a la trama
investigada, se ocuparía de distribuir la droga en Madrid y viajaba en
un Mercedes C220K, matrícula 4078FXR, en el cual cual aparecían 8.000
euros en efectivo y 5 teléfonos móviles.
Al día siguiente, el EDOA de la Comandancia de Cádiz lanza su
segundo golpe contra la rama de esa banda en Madrid. En pocas horas se
registran un piso en el barrio de La Elipa, del distrito madrileño de
Ventas; otro en el Fontarrón, en Mortalaz; y dos más en el de Palomeras
Bajas, en Puente de Vallecas. Las diligencias permiten el decomiso de
más de 12 kilos de hachís y 150 gramos de grifa, así como detener a
Tarik Lamzioui, Ibrahim El-Katib, Serruj Ntissar y Samiar Laarbi, a
quienes se imputaría en un delito contra la Salud Pública (tráfico de
drogas) y otro de pertenencia a organización criminal.
El 3 de julio, los guardias civiles gaditanos cambian de
escenario y detienen a tres personas en Pamplona. Su objetivo era una
vivienda en el barrio de Iturrama, donde aparece abundante documentación
sobre operaciones de trapicheo con hachís y toda una relación de
traficantes dedicados al menudeo en la capital navarra.
Para entonces el defu de los técnicos de Europol trabaja a
pleno rendimiento. Se habían intervenido más de una treintena de
teléfonos móviles y los expertos debían realizar un perfil completo de
los enlaces entre ellos.
Una de las singularidades de esta trama delictiva es que sus
integrantes adquirían numerosos celulares. Luego, y según a quien debían
llamar, empleaban sólo uno de los teléfonos, cuya memoria borraban tras
el contacto. Sin embargo, el dispositivo informático policial logra
reconstruir el uso de cada portátil e identifica los números a los que
ha llamado o los mensajes de texto enviados.
Una semana más tarde, los integrantes del Equipo Conjunto de
Investigación internacional desbaratan la parte de la red encargado de
ocultar los alijos y modificar coches para transportarlos.
Varias partidas de droga son halladas en fincas y pisos de
Fuengirola (Málaga), sitas en las barriadas de Los Boliches y Las
Lagunas, así como en el distrito Centro. Igualmente, se localiza el
taller usado para trucar la carrocería de los vehículos. Pertenecía a un
concesionario oficial de Mercedes en Marbella (Málaga), sito en la
calle Juan de la Cierva del polígono de La Ermita.
A raíz de los registros judiciales instados por Eurojust, son
detenidos como implicados en la trama otros seis magrebíes: Abdelilah
Bendouad, Abdesalam Guenuni, Otman Ahbut, Suleimán Chairi, Ahmed Ezobair
y Hanan El- Yadri.
Mientas prosiguen las investigaciones, se desata un
enfrentamiento entre varias de las personas vinculadas a esta red. Los
investigadores no han logrado establecer con precisión qué sucedió, pero
todo sugiere que fue una pugna entre dos facciones rivales, a resultas
de los reveses policiales sufridos.
El cabecilla de una de ellas y líder de la red en España era un
viejo conocido de las fuerzas policiales: Mustafá Ahmed Abdeselam, de 39
años, reputado como el gran capo del hampa en Ceuta. De hecho, en las
calles del barrio ceutí de El Príncipe se prefería no pronunciar su
nombre en voz alta y todos se referían a él como Tafa Soodia. La Prensa
ha repetido mucho tan enigmático apodo durante las últimas semanas,
transcribiéndolo erróneamente, pues omite una "o" en la segunda palabra.
En árabe vulgar, Tafa es el hipocorístico de Mustafá, y Soodia, el
nombre de la madre de Abdeselam. El alias sólo significa: "Tafa, el
(hijo) de la Soodia".
Mustafá Abdeselam había regresado a Ceuta en enero de 2013, tras
cumplir un destierro de cinco años en la Península, impuesto por
sentencia del Supremo, a raíz de un delito de obstrucción a la Justicia y
otro de amenazas. Durante el cumplimiento de esa pena, Tafa Soodia
había residido a caballo entre Marbella y Algeciras, dedicado a sus
negocios. Pero el pasado 12 de julio, varias personas vinculadas a su
círculo de actividades se ven implicadas en un tiroteo, acaecido en la
barriada de El Saladillo en Algeciras.
Ese viernes, a las tres de la tarde, los ocupantes de un par de
vehículos se detienen a conversar junto a un parquecito ajardinado en la
calle Juan Ramón Jiménez. Dos de ellos habían llegado en un Mini
Cooper Cabrío, matrícula 8835 FNK, y el tercero, en un Seat Arosa, con
placas 6697 BHD.
En cierto instante, un BMW 5 oscuro se acerca al grupo y, desde
su interior, abren fuego contra los reunidos. En la balacera fallece
Hassan Achraf, de 23 años, domiciliado en el barrio algecireño de La
Bajadilla, y recibe un balazo en una pierna Mohamed Enfeddal Echam, de
34 años, residente en la barriada de San García de la misma ciudad. El
tercer participante en el encuentro, el ceutí Nourdin Lahsen Driss,
logra escapar con heridas leves.
Las causas del tiroteo, oficialmente reputado como "ajuste de
cuentas", tardarán en esclarecerse. Fundamentalmente, porque el propio
Mustafá Ahmed Abdeselam, alias Tafa Soodia, también cae asesinado cinco
días después. En la madrugada del 17 de julio, dos pistoleros le
emboscan en el paseo de La Marina de Ceuta, mientras la ciudad vive la
velada grande de sus fiestas. Tafa pasea junto a unos familiares y sus
asesinos se le aproximan a pie. Uno de los sicarios se acerca por detrás
y el otro llega por delante. Sin apresurarse, ambos pistoleros cierran
el ángulo de fuego, para evitar herirse entre ellos, y disparan casi a
quemarropa, alcanzándole con seis balas.
Mientras tanto, el material acumulado en las investigaciones
comporta que Europol constituya un segundo ECI, esta vez con el
concurso de la Guardia Civil y la Policía de Bélgica. Las pesquisas
evidencian que en la provincia de Málaga actúa una segunda trama,
dedicada a blanquear dinero procedente del narcotráfico hacia el último
país citado.
Ese nuevo Equipo Conjunto de Investigación localizaría hasta
cinco empresas diferentes, usadas para tales manejos. La más importante,
una tienda de marroquinería en Torremolinos, propiedad del cabecilla de
la organización.
El nuevo ECI Guardia Civil/Europol incluso llega a utilizar
helicópteros para realizar seguimientos a los miembros de esta banda y
localizar sus propiedades, algunas en urbanizaciones como Las Chapas,
Calahonda y Artola Alta, en Marbella; y otras en el municipio de Mijas,
en el lugar costero de La Cala.
Esas acciones imponen un compás de espera a la Operación Invierno,
que vuelve a ser relanzada el 25 de julio. Esa fecha se producen
intervenciones simultáneas de los guardias civiles de la Comandancia de
Cádiz en Santa Coloma de Gramanet (Barcelona) y Marín (Pontevedra), esta
última en concurso con la Guardia Nacional Republicana portuguesa.
En Madrid, es registrado también un piso del distrito de Ventas
y se recupera una muestra de drogas en la calle Salinas del Rosío, del
municipio de Barajas, a escasa distancia del aeropuerto. Durante estas
acciones son detenidos Othman Akdi, Antonio Moliner Elices y Yunes
Tuzani, respectivamente.
Sin embargo, la detención más singular acaece en Baracaldo
(Vizcaya). Allí, en la Avenida Euskadi, frente al Palacio de Muestras de
Bilbao, se registra la casa de Reyniel Castro Palacios, donde aparecen
165 gramos de hachís, documentos diversos y más de 2.500 euros en
efectivo.
Castro Palacios es un tipo bragado que suscribiría la frase de
Al Capone: "Consigues más con una palabra amable y una pistola, que sólo
con una palabra amable". La Guardia Civil descubrirá en su piso un
chaleco antibalas y dos cajas de munición: una del 9 mm corto y otra de 9
mm Parabellum. En cuanto a su arma personal es una automática modelo
0.45/Tercera Generación de Smith&Wesson, "la única firma de abogados
que sirve para algo", como escribió Raymond Chandler. Debe ser cierto,
pues contra Reynel Castro pesaba desde 2010 una orden de busca y captura
para ingreso en prisión por tráfico de drogas dictada por un juzgado de
Ciudad Real.
Europol ha anunciado el cierre oficial de ambas operaciones.
Sin embargo, el lunes último se difundía una orden europea de detención
contra otras seis personas más, implicadas en las tramas, quienes
habrían eludido inicialmente la acción policial.
Por el momento es el punto final a un verano que discurre anodino. ¿O no tanto…?